lunes, 25 de febrero de 2019

leyendo lo entendí.





Tenía cara de conejo y lengua de culebra.

Presumía de saber más de los demás
que lo que los demás hubieran deseado que se supiera.
De entre todas las mujeres nació sin culpa
y terminó su gramo semanal
debajo de la mesa de los jefas/es/is/os/us.

(la miseria no entiende de géneros
a pesar de que los géneros sí entienden de miseria)

Buscaba la tierra prometida
aún cuando encontrarla desencadenara
la guerra entre los pacíficos.
La llamaban "la que nunca estuvo allí".
Y algunos dijeron
que la vieron no llegar incluso antes
de haber parecido que estaba en alguna parte.

No era víctima del sistema.
Era pieza.
De un sistema estulto, sí.
Pero del S.I.S.T.E.M.A.

Enfermizo, oligárquico...
de apariencia e intenciones neutras.
Cizañero incluso con sus mejores creaciones.
En definitiva:
otro sistema.

Termita para sus Pinochos.
Perejil para sus partos.
Olor a tubería en la sección de bisutería
de los grandes, de los grandísimos almacenes.

Nadie la hubiera guardado en su desván.

Nadie guarda la basura sobre el techo de su casa.
Nadie en su sano juicio.
Pero el «juicio» se perdió cuando los hijos de nuestros padres
se licenciaron en paternidad y Telecinco llegó a nuestros hogares.

No es que todo esté perdido.
Es que ella nos ha encontrado.
No la persigas.
Ganará.

«Porque es más fácil enseñar a la gente
 a ser estúpida que a ser inteligente»
(Nancy Huston  en Marcas de Nacimiento).




sábado, 23 de febrero de 2019

Me ponían sus piernas.



Me ponían sus piernas.
                                      Aún cuando estaba en el váter cagando pensaba en sus piernas
y mi polla empezaba a darse de cabezazos contra la taza.
                                       Era difícil no excitarme con aquellas piernas.
Incluso llegué a pensar que Dios las había creado para mi.
                                       Que tanto Él como Yo sabíamos que ninguno de los dos teníamos
sentido sin aquellas piernas.
                                        Piernas que acababan en pies que habían pisado cientos de kilómetros
antes de que yo la conociera.
                                        Pies que descalzos buscaban alivio en mis labios y a los que mi vergüenza
evitaba mirar a los ojos por miedo a parecer raro.                                         
                                       Sus piernas limitaban al norte con su coño:
la ostra que los alérgicos al mar podían degustar viva sin temor a alergias.
                                       Con sabor a océano ibérico,
a paella valenciana y a bocadillo en verano de niño con hambre y padres que saben amarse.
                                        Un oasis de crema de mujer inteligente
con ojos depredadores y un sereno sentido de justicia materna.
                                         Lo peor no era embriagarse del jugo de su vagina.
Lo malo malo era que aún saciado quedaba cuerpo por adorar:
                                         Pezones y tetas, nalgas y ano.
Su saber y su pelo, sus de nadie y sus labios.
                                         Hombros, espalda, cuello y vientre.
De entre todas las mujeres ni virgen, ni puta:

                                                                                                                          Desobediente.


***

Me ponían sus piernas.
Era hija de la altura y del baloncesto.
Rea de los idiotas
y verdugo de mis excusas.

Reina en definitiva.

De republicanos asustados
y monárquicos entregados.

Reina.
Reina.
Reina.





                                       
                                       

                                     
                                       
                                       
                                          

                                        
                                       
                                      


viernes, 22 de febrero de 2019

No es culpa tuya.





La sed de un niño es sagrada.
La palabra de un político porta cretinismo.
A cada cuarto de hora
se acaban vidas yermas
y florecen haciendas sin herederos.
Ni se va ni se viene: SE PASA.

Y puedes pasarlo bien.

Llegaste por la promesa de un amor eterno
pero te irás dudando de si fuiste un mal amante.
El acto de contrición parece la única salida digna.
Cualquier otro rezo no es sino una pose para que tu madre
no se vaya a la tumba 
creyendo haber parido un trozo de madera.

No es culpa tuya.
Aunque puede que también.
De cada diez te llevas dos.
Al resto le queda menos. 
Amén, pleno al quince, 
y si prestas atención puedes hasta pasarlo bien.     

El mundo se llena de escamas
y pronto colgarán un cencerro
en los cuellos de los que no tuvieron buena suerte.
Cada fin de año la bella y la bestia
siguen contando las campanadas
mientras el público demanda igualdad de sexos.

Y puedes pasarlo bien. 

Colocaron la zanahoria a la distancia justa de tu asno.
Crees que vivir es mejor que morir
aun cuando la poesía que lees huele a muerte.
No hay poeta sin drama
y no hay drama que no se someta a su censura.
En el fondo vales lo mismo que Dios.

La revolución de tu tatarabuelo solo significó
el triunfo de otro grandísimo hijo de puta.
Mejor para unos y peor para otros.
Peor para los que estaban y mejor para los que venían.
Ahora el reloj de arena ha de seguir midiendo el tiempo.
Es momento de darle la vuelta. 

No es culpa tuya. 
Aunque puede que también.
De cada diez te llevas dos.
Al resto le queda menos. 
Amén, pleno al quince, 
y si prestas atención puedes hasta pasarlo bien.   

Los padres leen cuentos a sus hijos en la cuna
y su futuro queda en manos de brujas que no comen niños.
¿Para qué? 
La televisión proporciona cerebros más tiernos.
El tonto aprende más rápido la falacia
que el listo digiere otra posible verdad.

Los gatos negros se coleccionan 
en las casas de los solteros más humillados.
Nadie que no sea madre limpia la mierda de nadie. .
A ti te falta hambre y campo
para entender que nada es más tuyo 
que la renuncia a lo que te enseñaron que eras.

No es culpa tuya.

A veces las cosas no salen como esperábamos.

¿Acaso crees que tus padres 
no prefirieron alguna vez
a la pareja del vecino?















jueves, 14 de febrero de 2019

las cigüeñas no rezan.





Niña de ojos de ángel,
no llores por el hedor del cieno.
El mundo gira en torno 
a las primeras caricias.
Por eso arden los barcos en alta mar
y se congelan los infiernos
a la hora de las más sabrosas tentaciones.
Todo tiene el valor de nada
y nada viene siendo 
lo que parece haber estado desde siempre.
Nuestros padres se dieron cuenta 
aunque nunca lo confesaron a mamá.
Hubiera estado feo abrir los ojos 
a quien ha parido tu próxima oportunidad.
Por eso no vale la pena llorar,
Niña de ojos de ángel.
Porque aunque algo huela a podrido
Hamlet vengará al auténtico heredero.
De esta forma la justicia será tan divina
como lo que sea que creó tu mirada.

¿Acaso creías que la cigüeña 
rendía culto a alguna religión?









domingo, 3 de febrero de 2019

la puta Gripe.





De todas las putas de la calle
Gripe fue la única que aceptó 
mis condiciones.

Le pedí que se desnudara
y se exhibiera para mi.

No soy un tipo complicado —le dije.
Cualquier coreografía tipo vals
me vale.

Luego caí en que el vals requiere de dos
y me ofrecí a acompañarla cuerpo a cuerpo.

A los pocos minutos mi pecho ardía
y tosía para expulsar a un inquilino 
que presumía de conocer al casero
 antes de que yo naciera.

La abuela del quiosco
me dijo que se trataba de un demonio fértil
dedicado a la polinización de las flores de las tumbas.
El doctor que la única cura pasaba por querer curarse
y a veces ni por esas.

En resumen:
Tuve miedo de no salir de aquella cama.
Tuve miedo de perder el paso
y que la puta me cobrara de más.

Gripe comprendió que no iba a ser un buen polvo.
Se vistió y me besó en la frente.

«No te preocupes, mi niño,
al menos he disfrutado viendo cómo me mirabas»

Le di las gracias, cerré los ojos
y memoricé aquella vagina al final de su culo
como la carretera a la casa de tu mejor momento.

Desperté varios días después
en una camilla del ambulatorio.
Cosas del sistema: 
era más rentable esconder camas
que usarlas para los enfermos.

Una gitana sin hijos y llena de años
me acariciaba la frente y limpiaba mi sudor.
«No tengas miedo, payo.
Si te perdona el pago es que le caíste bien.
Gripe no conoce la piedad.
El primero de los hombres que conoció
la preñó y abandonó junto a un saco de dinero»

No supe que decir. 
Jamás he sabido ahorrar al lado de una mujer.