domingo, 31 de julio de 2016

los mismos ángeles.

                                                            Los mismos ángeles que confesaron
y compartieron conmigo
sus mejores secretos de cama
han sido los que me han condenado
después diciéndome:

"te mereces lo que tienes"
"recoges lo que siembras"

¿Y qué tengo?
¿Hadas mágicas que se sostienen
sobre la caprichosa voluntad
de su propio deseo?
¿Finales calcados 
y principios guionizados?

Me dijo mi amigo el asesino 
que tampoco estaba tan mal.



Que bien mirado a él sus víctimas
no le enseñaban nada nuevo.
Y que sin embargo a mí…

«Contigo tienen el detalle
de señalarte tus errores 
con el fin, supongo —me dijo —,
de que por fin aciertes de pleno
en lo que una mujer espera de ti».

No le contesté.

Más que de las mujeres a las que he querido
parecía estar hablando de dianas y dardos.

Aunque esa noche…
cuando la dama que se animó a probar suerte conmigo
en el catre
me corrigió cada una de las caricias que le ofrecía
no pude evitar pensar:

«¿Será que uno no acierta 
o que cada día
las reglas del juego son distintas?»




miércoles, 27 de julio de 2016

la frontera



Danzas con la misma anarquía 
que lideró la asamblea que te nombró
preparada para besar.

Así es difícil clavarte a una cajita
de rodillos musicales.

Y ríes y lloras,
¿burla o diversión?
¿propósito o sufrimiento?

Pero estamos juntos.
Tan juntos como mi desierto fronterizo
y tu vergel colindante
permiten estarlo a nuestras ciudades capitales. 

¿Quién da el paso, princesa?
¿Quién de los dos se atreve
a abandonar el cálido refugio del hogar
y caminar sin la certidumbre
de que el otro estará esperándolo
en la frontera?

Es de chiste que te haga esa pregunta,
sé que estas palabras
no pasarán de la aduana.

El cartero es un jodido cobarde.
Por lo visto se folló a muchas 
mujeres haciéndose pasar por el autor
de sus cartas de amor
y un día le dieron una tremenda paliza.


lunes, 11 de julio de 2016

la gracia de otro polvo

No pretendo descubrir nada que no me hayas querido demostrar.

Lo que me hayas prometido dar…
...lo que me hayas prometido entregarme a cambio de nada...
lo tomaré orgulloso si mi intuición me asegura que he acertado con tu compañía.

Pero ¡por favor!
Acuérdate de lo que te advertí de mi.
De las trampas y acordes en séptima que tocaré
con alevosía y que buscarán el desatino de tu voz.
Tu desafine en mi armonía
sin más intención que satisfacer mi vanidad.
Sin más pretensión que
crucificar tu ego en la madera de mi «pseudointeligencia».

Seguramente que no me entiendes…

He apostado por ti porque sé
que no eres juicio sino indulto.

Y sin embargo, cobarde pero hambriento
me he asegurado de
escoger bien las postales
que has colgado en el corcho de tus
tareas por completar.

¿Me convierte eso en alguien que
provoca el paso de... "a continuación"?

Cada vez entiendo menos y siento más.
Cada vez me parezco más a lo que
me dijeron que era lo equivocado
pero más me divierte.

Cuerdo o loco…

…no me queda más que seguir bebiendo de esta copa
hasta que tú... SÍ TÚ:
decidas si merezco la gracia de otro polvo.



domingo, 10 de julio de 2016

el código

Suena Elvis y las gambas se van dorando.

Sé que la intención no condiciona el resultado
aunque sí el veredicto.
Por lo que me declaro NO INOCENTE
a la par que NO CULPABLE.
Ahora bien, es cierto que estuve en el lugar de los hechos
y que llevaba un arma cargada.

¿Se merecía llorar, Señoría?

Ya le aseguro yo que no.
Pero tras unas risas y palabras que no recuerdo
la encontré llena de lágrimas y sentada en la misma
silla en la que estaba cuando reía.

Cualquier fiscal lo tendría claro.

Si lo único que ha cambiado entre la risa y el llanto
de mi chica soy yo, quiere decir que...
el calibre de la bala se corresponde con el de mi arma.

Pero Señoría, ¡Protesto!
Hay más variables que no se están teniendo en cuenta…
—me defiendo.
¿Por ejemplo? —me interroga el juez.

Y enmudezco.
Sé que cuando me convencí de quererla
por encima de todo
se acabó cualquier coartada que pudiera salvarme de la horca.

Hay un código para los que usamos la palabra amor
aunque solo sea con la pretensión de no dormir solos.
Y no creer en él no te exime de cumplir la condena
en caso de saltártelo.
Hay una policía que va más allá de nuestra conciencia.