lunes, 13 de mayo de 2019

El no elegido.









Las oportunidades pasaron por delante de su cama
tantas veces como el sueño le impidió levantarse a mear.

Ya no era un niño.
Podía soñar con fuentes toda la noche
y no derramar ni una gota de orina.
La vida le había hecho tan duro como desconocido.

¿Quién era que tan lejos había llegado
sin tenerse en cuenta ni una sola vez?

No faltaban las caricias verbales de los minotauros
 y sus pasillos burocráticos.
Ni el desconsuelo de las damas 
que agitaban la noche para dormir durante el día.

Lo reconocían como el hijo de Adán
y el resultado de la corriente del Río.
Sobre todo cuando llovía torrencialmente en las montañas. 

Aún así le confiaban a los niños de la guerra
para que los cobijara bajo los preceptos de su padre.
«Nadie que quiera estar solo
puede ser mala compañía»

Eso dijo la madre de las madres
en la jura de bandera de sus cachorros.

A pesar de haberlo buscado nunca pude hablar con él.
O no había llegado o se había ido hacía tiempo.
Me tuve que conformar con lo que me contaron:

Que tenía prisa por irse y 
que se entretenía demasiado con lo que llegaba.

En definitiva...

Valía tanto como todo lo demás,
aunque con una singularidad...

... de entre todos los hombres
nadie lo había elegido para quedarse.














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