domingo, 13 de junio de 2021

de esas cosas como Marte...

No se llega tarde.

Se llega o no se llega.

Cada segundo abre una puerta.

En cada puerta

acecha un asesino y un ángel.

Quien te reciba depende 

de lo fuerte que silbe tu suerte

y de lo sordo que esté cada cual.


Lo jodido es cuando ni siquiera ibas.

Cuando te vienen a buscar.

Sencillamente cuidabas de tu jardín

y la Administración se fijó en tu hucha.

El tipo de la ITV sabe de lo que hablo.


Aún así cogemos el autobús

y apostamos a la lotería.

Sabemos que el vecino 

está peor que nosotros

y que la TV permite cambiar de canal. 

Todo está bien mientras no nos embarguen

o estemos enamorados.


La evolución

sigue siendo un juego 

entre presas y depredadores.


Lo de Marte y todo eso…

…despensas para futuras oligarquías.


domingo, 30 de mayo de 2021

dicen que en el 2050...

 


Ninguno estamos por estar

salvo que lo decidamos.

¿Qué padres no se sentirían orgullosos?

Se nace para cumplir

y se cumplen años que se celebran.

¿Lo mejor de todo?

Ni tú ni yo nos parecemos

y aún así aguantamos el mismo peso.

Dicen que la revolución se hizo

y que el mundo cambió.

Pero el día sigue durando lo que dura la droga 

que nos hace soportarlo. 

Las noticias no son malas.

Peor es la sequía.

O eres optimista o estás “out”.

«El universo es atracción»—pregonan los prósperos gurús.

Y otra bomba cae en alguna parte

porque las víctimas han debido desearlo

inconscientemente. 


Negocios.

Solo existen negocios.

Yerran los que piensan que el hombre

aprendió a hablar para comunicarse.

Lo hizo para montar el primer negocio.

Aquel que no sabía morder aprendió a hablar.

Dejó de haber presas y nacieron los primeros esclavos.


Todo tiene otra lectura.

Las letras falsifican las ideas.

Si no me crees

atrévete a escribir tu peor polvo

para seducir a tu próxima pareja. 


Aguanta, nos dicen… en el 2050

será mejor…


¡Joder con los profetas!

Solo faltaba que fueran ateos… 




sábado, 29 de mayo de 2021

"Cosillas" de Pascal


 


Se levantó temprano para que Dios la ayudara

y en su camino hacia el trabajo un ciempiés 

se burló de su fe. 

No le faltaba lógica:

«Si yo con tantos pies me arrastro,

tú que solo tienes dos ¿qué pretendes?»

Poco después un ángel le anunció 

que la esperaban en la cola del paro.


Y aunque preguntó… Dios no respondió. 


«La estadística es capaz de calcular la suerte,

lo importante es que el estadista

tenga suerte al hacerlo» 

—le dijo el tipo que le dio turno en la fila

antes de evaporarse.


Ella comenzó a llorar. 

No por dolor.

No por impotencia.

Era decepción.

¿Qué valor tenía su oración 

si Dios no parecía más sabio que un ciempiés?


Y aunque preguntó… Dios no respondió.


Por fin llegó a la ventanilla del funcionario.

No era como esperaba.

Un resplandor iluminaba a un señor enjuto.

Ella lo entendió como una señal del Altísimo.

«No, no… señora… no soy ningún ángel…

solo radiactivo…» —se excusó el hombre.

«Pero eso tiene que ser peligroso»

—afirmó ella que había comprado

unos fascículos de minerales cuando era niña.

«Para mí no. Solo para quien todavía no lo es»

—contestó afable el funcionario.


Y esa vez no preguntó nada a Dios.


Se arrancó la cruz que adornaba su cuello

y la arrojó a los pies de la mujer 

que aguardaba su turno detrás.

Dos días más tarde ella 

encontró un trabajo mucho mejor

y la mujer que recogió su cruz

conocía al hombre de su vida. 


Las dos agradecieron al Cielo estar vivas

mientras Dios leía intrigado “cosillas” de Pascal.