domingo, 1 de mayo de 2022

votos y resaca


 

Nadie que resucite debería estar mejor que tú.

Vivo se acata… muerto quizá haya esperanza.

De vez en cuando rezo mientras mi cuerpo blasfema.

Todo es lo que parece aunque la realidad disimula.

Nada vale más que los hijos de los hijos

por más que se fabriquen guerras que digan lo contrario.

Uno es cómplice hasta que lo juzgan

 que se convierte en verdugo.

Cualquier cuello antes que el propio

si se trata de vestir la peor de las corbatas. 

A menudo reflexiono sobre nosotros.

¿Tu piel y la mía

convertidas en alfombras 

para las cuevas de los cazadores?

Ni en abrigos, ni en mantas.

Alfombras.

Un cojo me advirtió de que

el mejor mundo está lejos.

Que aquí todo depende de las urnas

y de la resaca que tengas al votar. 

jueves, 21 de abril de 2022

Para ti, Carmen...

 



Nos quedaron gulas con la cerveza

y esos boquerones en vinagre

que no llegaron a tiempo

para librar contra tus náuseas.

A cambio me quedé con una de tus hijas,

y todo el amor que le enseñaste

a recibir del hombre que la amara.

Ganamos algunos bingos

aunque despilfarramos en tapas y cañas.

Te veo en la pequeña galería soleada

fumando tus peores cigarros,

los que seguramente ya solo te distraían

de lo que presiento que tú ya esperabas.

Enigmática y con la entrega absoluta

a cualquiera que entrara en tu casa.

La hospitalidad era tu fuerte

además de tus guisos, tus costuras,

tus devotos perros 

y comulgar con lo que no comprendías.

Te echaré de menos como te mereces:

brindando por la vida a tu manera.

Cuidando de los que ni se enteran

de que la mejor velocidad

es la que no presume de acelerones

ni frenazos. 

Gracias por tus clases de conducir.





domingo, 3 de abril de 2022

los malos entendidos...


 

La princesa desesperada esperaba

a que el rey acabara su cerveza.

El príncipe valiente

había ido a cobrar su recompensa.

Si alejaba del reino al dragón que

merodeaba cerca de su “jaula

podía quedársela.


Se le ocurrió atar su pelo 

a la pata de la cama y tratar

de deslizarse desde la ventana.

Su madre la había advertido:

«Una mujer que se corta la melena

no puede tener buena suerte».

En efecto: no había cabello

ni para hacer el primer nudo.


Buscó en Google como salir de aquellas.

Era cierto que el príncipe era guapo

pero ella prefería el “satisfyer

y fantasear con que fuera su madrastra

la que le hincara el diente a sus pezones.


Google la censuró.

«Consulte condiciones con el rey de su reino o

¿quizá quiso decir videos de gatos?».

—obtuvo como respuesta a su reclamación.


Faltaba poco.

Por la escalera se escuchaban

los pasos borrachos de padre y prometido

subiendo a su alcoba.

Cerrando los ojos saltó al vacío

rezando a la diosa naturaleza

para que la recogiera en sus brazos.


La enterraron fuera del cementerio.

Como a todos los suicidas.


El único que llevó flores a su tumba fue el dragón.

Se sentía culpable de la tragedia.

Solo pretendía averiguar 

en qué peluquería la peinaban.