domingo, 28 de abril de 2024

mi cerebro y sus cosas

 


A mi cerebro le han puesto una camisa de fuerza

y no deja de mirar a través de los barrotes.

Dispara a las sombras de los pájaros

que se mueven por el suelo cuando hace sol

y cuenta las gotas de lluvia

que caen de los grises del cielo.

Su celda lleva tiempo sin centinela

(dicen que se marchó con la exnovia

de su hijo y que ya no se hablan…

la exnovia y él… no el hijo y el padre)


El hijo pasa de todo menos de mi cerebro.

Hoy, sin ir más lejos, le ha traído comida

y aunque mi cerebro la ha rechazado

él se ha quedado a su lado 

hasta que le ha entrado sueño

y se ha ido a dormir con la exnovia de su padre.


A mí todo esto me da pena.

Ningún hijo debería ocuparse de las tareas inacabadas.

viernes, 10 de noviembre de 2023

14 de julio.

 



Planeaba sobre el mar

y deseó bucear bajo las olas.

Prefirió el azúcar

al café con sal

y montó una panadería

al lado de los vómitos

de cientos de borrachos.

Se arruinó y pidió dinero

a varias mujeres.

Colocó su caja de cartón

en esquinas embadurnadas de azufre

y mientras los perros lo respetaban

él aprendió cosas 

sobre el olor del infierno. 

Encontró trabajo en una gran empresa

y de vez en cuando 

le daban limosna los más pobres.

De tanto llamarlo a voces 

se quedó sordo.

A partir de esa tragedia

aprendió a apreciar la música

y dibujó un pentagrama

lleno de silencios de redonda. 


Es huérfano de padres, amigos

y castillos en el aire. 

Lo llaman como se les ocurre

y él acude a donde le apetece.


Lo más extraño de todo

 es que no se parece a ningún espejo

y cada guerra le recuerda a Hiroshima. 


Nació un día de revolución

y para morir sigue mirando al cielo.




miércoles, 1 de noviembre de 2023

lecciones de vida...



Era su forma de decirme que algo iba mal.

Miraba por la ventana añorando nubes

y guardaba silencio aunque no le preguntara.

Yo aprendí a desaprender 

y terminé siendo tonto perdido.

Que eran cosas que tenía que solucionar ella

—me dijo mi maestro.

—Ya, pero al final el tonto soy yo

—repliqué.

El maestro tomó una naranja en sus manos

y la estrujó salpicándonos a los dos.

—¿Lo entiendes ahora? —me preguntó

mientras yo lamía el jugo derramado

en el suelo. 


javiercasino.com