domingo, 3 de mayo de 2020

Nada va a cambiar por una amenaza de muerte.





Ningún virus va a venir 
a educarte ni a ti ni a mí.
Puede darnos miedo.
El mismo miedo que el cine de terror
que no nos impide ir a por palomitas
aunque la sala esté a oscuras. 

Puede que a tu madre le preocupe
la suerte de sus nietos,
o puede que te mienta 
mientras se lamenta
del polvo al que renunció 
para criarte sin putear a tu padre. 

Nada va a cambiar por una amenaza de muerte.
Hay quien ha escupido a su verdugo
cuando le ponían la soga.

Claro, que nosotros no lo haríamos.
Pagamos los impuestos
y la mierda de las calles
la tira el vecino de al lado.

Lo de aquella ocasión
fue una excepción en nuestros hábitos. 

De todas formas no seré yo el aguafiestas.

La próxima vez que salga a la calle
plantaré un árbol y derribaré un avión.

Lo de leerme un libro y tener un hijo
lo dejo para los que acabaron la universidad
o no supieron usar el condón.

(Con todo mi respeto a lo que sea que se descorona
descojona de nosotros allá donde esté).



miércoles, 25 de marzo de 2020

No es el fin del mundo.




No es el fin del mundo.

Los perros siguen teniendo pienso
y los niños se apadrinan por correo.

El mundo va de cuentas bancarias
y cursiladas de diseño.
Tus versos y los míos
saben a salmo responsorial 
de monaguillo desengañado.

Ni tú ni yo vamos a sabotear nada
porque ninguno de los dos conocemos el proyecto.

Mientras tanto yacemos entre cojines y Netflix.
Entre sucedáneos de amor,
asepsia y apareamientos varios. 

Lo escuchamos todo 
y olvidamos nuestra voz interior.
¿Suerte?
La inercia del planeta
nos permite errar una y otra vez.

Hoy, convocados al encierro,
nos redimimos de nuestros pecados
hacia allí y hacia allá.
El malo es el otro y el otro dice que el otro
y el otro que el otro, pero...

¿quién es el otro?

¿Lo peor?

Que yo no estoy seguro de nada
porque todo lo que una vez se dio por cierto
más adelante se condenó.

Quizá no seamos nada más
que la opinión de la estulta mayoría.

Eso, o poco menos...




sábado, 21 de marzo de 2020

La "ella" que se apodera de ti.






Me gusta que estés tan sola como yo.
Que en tu bosque no haya cazadores
y el lobo no pierda el tiempo con abuelitas.
Lo del color rojo lo dejo para uniformes de trabajo,
sangre, política y ojos de resaca.

Me gusta que tu indiferencia sea interesante 
y que tus abrazos busquen siempre
un más allá del amor 
que te explicaron en la clase de matemáticas.

Me gusta que seas tan ingenua
como para enfadarte por un juguete roto
y tan sabia como para no hacerlo 
por los errores del hombre que te arropa por la noche.
Eso me concede ventaja.
Todavía no he dejado de ser un niño
y han pasado más de quince minutos desde mi primer polvo.

Me gusta que no estuvieras 
cuando más te necesitaba
y que llegaras en el tren que decían
 que no hacia parada en mi estación. 

Que seas túnel y despegue,
fiebre, delirio y descanso.
Que traigas lluvia y sol,
gripe, alergia y verano. 

Me gustas aún con tus dudas de que me gustes.

No serías real sin ellas.

¿Qué Princesa no teme que el dragón la secuestre
mientras su Rey se preocupa de los impuestos?
¿Qué sería de las novelas románticas
sin el gilipollas que va de lobo en medio de corderos?

¿Qué sería de mí sin la "ella" que se apodera de ti?