miércoles, 5 de febrero de 2020

siempre puede llegar un invierno.




Atado a un árbol escogió a sus enemigos.
De su madera muerta los ahorcó.
El más tonto de sus rivales
no supo hacer bien el nudo
y todos los que bebían con él mala cerveza
pagaron su ignorancia.

«No hay perdedor en la guerra
si la tierra que lo sepulta no se endurece
a golpe de pala y sequía»

Luego se montó un negocio.
Por cada sed daría un puñado de arena.
Los necios se acumularon en la puerta
y las carretas se atascaron
entre pequeñas montañas de heces equinas.
A nadie parecía importarle el hedor.

«De cada porción de victoria
la mayoría muerde el polvo de la batalla
mientras el líder se folla 
a quien quiera que le aguante»

No tardó en aparecer el elegido de un dios
que le advirtió de que por cada moneda
tendría que escoger entre la bendición de 100 rameras
o la palmada en la espalda del Amo todopoderoso.
Fuera cosa de un dios o de una manada de asnos con hambre
la arena sembrada se convirtió cal.

«De entre todas las explicaciones
escogió la que no era capaz de entender.
Tres días después lo enterraron hasta el cuello
en su suelo envenenado»

El hijo de aquel tonto que no supo hacer un nudo
había aprendido a subir videos a YouTube.

El resto fue cosa de las hormigas.

Cal o arena ellas recolectan...
...tienen claro que siempre puede llegar un invierno.






jueves, 16 de enero de 2020

No sé besar.



Que se es es tan cierto, dicen, como que ser
equivale a andar estando un rato.
Algunos le ven la cosa a esto.
Otros no lo valoran como sus madres.
Y por si fuera poco,
de todo este asunto, 
hay quien concluye que la fe o su falta tiene que ver
con sentir el ser o no saber sentir
el precio de estar siendo.

Yo sigo buscando al conejo apresurado.
De alguna manera Alicia 
es la hermana mayor 
que me hubiera asesorado sobre besos.
No sé besar.
Cada vez que mi lengua se abre paso en otra boca
se convence de que tiene que haber una salida.
Eso me ha dicho alguna que otra dama
después de exigirme el mismo empeño 
en otras zonas de su anatomía.

Yo comparo el besar 
con los banqueros y mi nómina.
No se trata de humedad
sino de que quien te desea
esté convencido de que sabe lo que quiere.
Una vez un banco me pidió, 
a cambio de tibios intereses,
uno de mis hijos y mi palabra de honor
en el caso de que su honra fuera cuestionada
alguna vez.
Mi esposa no aceptó.
Aún con las súplicas de su amante
por librarse de la mancha de mi semen,
no aceptó.

Así, recién arruinado me conformé
con ser la violetera que regalaba autodignidad
en los semáforos.

Hoy te vi acelerar para cruzarlo antes de que tornara a rojo.
Mañana vete tú a saber.








domingo, 5 de enero de 2020

como que la última guerra nos convenció de algo.



Dibujo: Paloma Sorribes

La misma lluvia que jode tu boda
divierte al solitario en su domingo.
Dejes como dejes las tijeras sobre la mesa
la suerte solo negociará con tu apellido.
Lo creas o no estás en una lista.
Lo sabía el padre que se fue a por tabaco
y la vecina que te dio el pecho
mientras tu madre buscaba comida.

Que de todo se aprende es tan cierto
como que la última guerra nos convenció de algo.

No te asustes...
... hay quien dice que estamos de paso.

Tú preocúpate de tropezar con buenos amantes
y deja que la lavadora se ocupe de la ropa sucia.
No hay nadie más digno que tú para merecerlo todo.
Las brujas acudieron a la cuna de otros bebés.
Bien se encargó el dios en el que creas
de convocar a tu nacimiento a las mejores hadas.

Bendito seas entre toda la basura que generas.
Malditos los que no reciclan
porque les importa una mierda tu Palacio.

Feliz noche de reyes.