viernes, 17 de mayo de 2019




Que la muerte me pille bebiendo.
Que no me cuente ninguna verdad.
Que mi historia sea un video juego de micro pagos
y yo un ludópata poco convencido.

Que lo que me asustó de ella siendo niño
lo haya aprendido con la muerte de mis mayores.
Que sea un "ni me va ni me viene"
para que cuando esté parezca un "ir a su pesar".

Que la muerte me quiera aún con mis defectos
y me prefiera entre todos los muertos.
A fin de cuentos ni cenizas ni gusanos.
Cuentas de las matemáticas,
contabilidades de eso que bautizamos como tiempo.

Que la muerte me susurre que estoy muerto.
Que me lleve en el último segundo
cerca de lo que no entendí o di por cierto.
Que resuelva y que no enrede,
porque ni tengo ganas ni me atrevería
a reconocer que ni lo que vi ni lo que me contaron
era la verdad.

Que la muerte me esquive y tropiece con mis enemigos.
Lo tengo claro, sé que desear eso está feo.
Aún así no puedo dejar de esperar para los hijos de puta
el mismo origen que castró mi vida en la otra vida.

9, 6, 13 o 7...

Los únicos números que tocan en la suerte
son los de María Sarmiento. 

El resto de poesía ni es ni se acerca a la prosa.
Bécquer y Bukowski lo intentaron.
Pero si alguna vez llegaron a follar con amor
tuvo que ser por despiste.

O se ama o se folla...
Hacer las dos cosas a la vez significa
que tu ficha acordó con el dado el número exacto 
para alcanzar la casilla 63.

Pero eso no es buena ni mala suerte.

Los hay que se conforman y los que necesitan más.

Si eres de los que pretende seguir con la partida...
... revisa a tus antiguos y haz nuevos amigos.







Nadie que no haya entendido el juego merece morir ahogado.





Sumergido en su memoria
se recostó entre los neumáticos
abandonados del fondo del mar.

Los peces eran cómplices 
de sus peores romances 
y por eso los eligió como amigos.

Los camareros solían
preguntarle por Ellas detrás de la barra,
los peces ni las recordaban...
...mucho mejor.

No había sido un mal hombre.
Se había limitado a aplicar
las reglas en las que su propia madre 
lo adoctrinó desde niño.

Por eso atentó contra el decimoctavo mandamiento
de la Ley de la Selva:
«Nunca darás por hecho que una madre ha de ser una mujer
como no pretenderás que una mujer sea madre
por el mero hecho de poder serlo»

Quizá si su padre
hubiera estado menos tiempo en la cárcel...
Quizá si los pechos de la bailarina
no le hubieran redimido de su adictiva 
autodestrucción....
Quizá si se hubiera comido la verdura
que rechazó de niño en la cena... 

...quizá entonces las cosas serían de otra manera 
y su cuerpo yacería 
en la cama de un hotel de lujo junto a una Utopía.

O ¿quién sabe?

Quizá estaría jugando a los dardos en el garaje 
de un adosado con el primogénito.

Ahora es tarde para conjeturas...

Se rindió.

Y lo hizo antes de que sus ratas
rosigaran la soga que sujetaba la piedra de su cuello.

Aún así yo sigo yendo al muelle
para celebrar su cumpleaños cada año.
Le arrojo a las profundidades una lata de conserva
y varias portadas de las revistas de moda 
con anotaciones sobre política y negocios.

Por alguna razón creo que me necesita.

Nadie que no haya entendido el juego
merece morir ahogado.

Porque aunque los sabios digan que morir es un acto solitario 
yo creo que hacerlo tragando agua es más jodido que fumar. 

















jueves, 16 de mayo de 2019

Todos deberíamos hacerlo


(Poema inspirado tras ver un video de Tom Waits... y por supuesto su música)

Fotografía: Alfonso Muñoz


Me lo dejó claro. 

Tenía derecho a construir su casa
justo donde estaba la mía.
A fin de cuentas el paisaje no era de nadie
y la tierra la habían pisado 
cientos de pies descalzos 
antes de que yo pusiera mis botas viejas
 sobre aquel suelo.

Reflexioné.
Todos deberíamos hacerlo.

¿Era su necesidad o su capricho?
¿Podía yo reconocer la diferencia?
¿Me estaba expulsando o era hora de que me fuera?

Le pedí tiempo. 
A menudo los segundos aburren a nuestro ego
y nos convierten en otro idiota algo más experimentado,
en gente de paso.

Pero no quería dármelo.
Él había llegado hasta allí para quedarse.
O me iba ya o soplaría y soplaría 
hasta derribar las paredes de mi casa.

Reflexioné.
Todos deberíamos hacerlo.

¿Me estaba amenazando o tenía miedo?
¿Estaba capacitado yo para diferenciarlo?
¿Me estaba animando a evolucionar
o solo quería darme por culo para demostrarse algo?

Entré en mi casa y hablé con mi esposa.
«El recién llegado quiere esta casa»
«¿Y?» —me preguntó ella.
«Que estoy confuso. ¿Hemos de dejársela?»
«Eso depende... ¿tenemos otra para nuestras crías?»

La verdad es que no la teníamos.
Como no la tuvimos antes de que pariera.
Pero claro... era distinto...
antes cualquier sombra era un techo
y cualquier techo un hogar.
Después del parto... sobre cualquier otra cosa:
 sus hijos.

Reflexioné.
Todos deberíamos hacerlo.

¿Cogía la escopeta y acababa con el desconocido
o le preguntaba por sus cachorros?
¿Y si no los tenía?
¿Necesitaba mi casa para tenerlos
o es que los mosquitos le molestaban al dormir al aire libre?

Regresé con él y le disparé directo al corazón
trece tiros (uno por cada apóstol).
No tuvo tiempo de reaccionar.
Cayó sobre su propio charco de sangre.
Mi esposa comenzó a rezar al dios 
que su abuela le regaló para la pared del dormitorio
y yo a cavar una tumba digna para el intruso.

A cada palada escuchaba un grito de la arena.

«Has hecho lo correcto» —vitoreaban unas.
«Maldito cabrón... nos has condenado» —se quejaban otras.
«A ver qué pasa mañana...». Callaban las que más me jodían.

Acabada la fosa, 
y ya de noche, una última susurró:

«Eres tan distinto a todos que has hecho lo que hubiera hecho cualquiera»

Reflexioné...

Querido lector (si es que existes) el último verso de este poema lo escoges tú de entre estos dos:

1. Todos deberíamos hacerlo.
2. Ojalá lo hubiera hecho él también.

Suerte ;)















martes, 14 de mayo de 2019

el riesgo de parir un macho.




No he llegado hasta aquí 
para que cualquiera me diga dónde debería estar.

La cagué al tirar el primer dado.
Lo sé. Lo tengo claro.

El truco estaba en no respirar
cuando la matrona te golpeaba el culo.
Fue mi inexperiencia la que me hizo llorar
y abrazarme al cuerpo que me arrebató
de mi más absoluta desmemoria.

Ahora las quiero a las dos.

A la matrona ahorcada entre cordones umbilicales
y a mi madre recluida en un sanatorio
por incumplir las reglas de la razón.

Después de cada orgasmo con mi pareja
comprendo las intenciones de ambas.

Una me odiaba por ser la herramienta
que labraba su cuenta corriente.
La otra por haber desafiado a su instinto
 y haber madurado como
lo haría cualquier fruta.

Ninguna mujer en su sano juicio
serviría a una naturaleza de hombres
asumiendo el riesgo de parir un macho.

Pero es tarde para que lo entendamos.

La política y los idiotas
ocupan los titulares queramos o no.

Se hace tarde para retomar la senda del sentido común.

La estadística solo ha sido el truco barato de las matemáticas...

...y las matemáticas la burla inteligente de algún Dios huérfano.








me corra o no la puta me cobrará la carrera.





Sobrio me asusta la muerte.
Desearla me embriaga.

Me corra o no
la puta va a cobrarme la carrera.

Mi dios ha colgado el cartel de:

«Enseguida regreso, 
me ausenté otra eternidad»

Mientras tanto 
mi relojero me da largas:

«Los tipos como tú —me acusa —,
no cuidan sus relojes.
¿Por qué no llamas a tu madre?
De no ser por ella no sabrías
dar cuerda ni a la muñeca de tu hermana.

Pero yo no tengo hermana.

Mi hermano mayor me contó
que no llegó a nacer porque no,
y los espíritus de mi cama
que por mi culpa.

Podrías pensar que tengo un trauma
pero no siempre es así.

A veces es peor.

A veces me alegro 
cuando la empresa
 me ingresa la nómina.



lunes, 13 de mayo de 2019

El no elegido.









Las oportunidades pasaron por delante de su cama
tantas veces como el sueño le impidió levantarse a mear.

Ya no era un niño.
Podía soñar con fuentes toda la noche
y no derramar ni una gota de orina.
La vida le había hecho tan duro como desconocido.

¿Quién era que tan lejos había llegado
sin tenerse en cuenta ni una sola vez?

No faltaban las caricias verbales de los minotauros
 y sus pasillos burocráticos.
Ni el desconsuelo de las damas 
que agitaban la noche para dormir durante el día.

Lo reconocían como el hijo de Adán
y el resultado de la corriente del Río.
Sobre todo cuando llovía torrencialmente en las montañas. 

Aún así le confiaban a los niños de la guerra
para que los cobijara bajo los preceptos de su padre.
«Nadie que quiera estar solo
puede ser mala compañía»

Eso dijo la madre de las madres
en la jura de bandera de sus cachorros.

A pesar de haberlo buscado nunca pude hablar con él.
O no había llegado o se había ido hacía tiempo.
Me tuve que conformar con lo que me contaron:

Que tenía prisa por irse y 
que se entretenía demasiado con lo que llegaba.

En definitiva...

Valía tanto como todo lo demás,
aunque con una singularidad...

... de entre todos los hombres
nadie lo había elegido para quedarse.