sábado, 28 de noviembre de 2020









No hay mejor redención que la nuestra.

El diablo se relame con las debilidades humanas

y Dios pierde otra ficha por despistarse en la partida

para cuidar de los milenarios árboles.


Hay esquinas en cada ciudad

que hemos de doblar,

puertas que abrir en casa

y putas consentidas

que hemos de pagar si queremos

ser parte del problema.


La libertad vale según los barrotes de la jaula.

¿Cómo es que no lo hemos entendido aún?


Tras cada sorbo de cerveza

hay un anuncio que enriquece a un desconocido.


De todo lo que pienses

ya hubo alguien que edificó un imperio,

dejó a su pareja y sigue follándose, impune, 

a decenas de cerebros estériles a la madurez.


Pero no nos preocupemos.

No es el fin de nada.

Quedan cosas por hacer —nos aleccionan consolándonos.

Aunque tú y yo sabemos que la tumba de nuestros padres

está tan vacía como nuestro valor.

No hay ataúd que signifique algo para los muertos.


Menos si su lucha fue en balde.


Somos la magia que no aceptamos.

Lo intentamos cien veces.

Por eso cuando aprendimos a subir en bicicleta

nos convertimos en cómplices del peor futuro.


Es lo que tienen las bicicletas…

Parecían ser la solución a nuestro aburrimiento

y ahora no paran de jodernos carriles en las avenidas.


Si no piensas como yo espera a que se joda un autobús 

en una vía de único sentido.

A partir de ahí reza, reza con fuerzas, para que tus seres queridos

no viajen en la ambulancia que se queda atascada detrás de él.


Somos la generación débil.


El eslabón perdido de la evolución que Darwin hubiera dado por inteligente.


jueves, 12 de noviembre de 2020

del sentido de lo que llaman vida...


 



Entendió la vida como una novela que tenía que acabar.

Le hablaron de danzas, caminos y agujeros negros

que él no comprendía.

Solo veía páginas en blanco de un cuaderno

que no era capaz de concluir. 


Murió fértil.


Nadie tuvo palabras 

para explicar la razón de su existencia. 


13/nov/2020

martes, 3 de noviembre de 2020

¿se puede anhelar mejor jaula?

 



Ni llegando más allá de tu mirada

descifraría tu paladar.


Entre las rocas de tus ojos

y el mar de tu boca

busco un faro que me alumbre

para alcanzar tu muelle.


Los mejores cantantes de rock

me aconsejan no intentarlo,

pero nunca me he fiado

de nadie que escriba versos de amor.


Tampoco tengo una barca 

que merezca encallar en tierra

ni marineros a los que pagar

a cambio de remar a mis órdenes.


Viajo solo como cada paso que tú das,

y a cada uno de los míos

dejo una miga de pan 

que no me devolverá 

ni siquiera a tu principio.


Yo soy remo y tú eres ola.

Si lo prefieres yo soy ola y tú remo.

En cualquier caso 

ninguno de los dos tenemos sentido sin el océano.


¿Se puede anhelar mejor jaula

para declararme culpable?