miércoles, 26 de febrero de 2020

nacemos para morder.




Pruébalo:

No hay diferencia entre dar de comer 
a un escorpión y a una cría humana.

El miedo de Herodes no fue hacia un posible dios
sino a la propia evolución del ser humano.

Hijo bueno hijo muerto.
No hay mujer que merezca parir.

El título de madre se otorga
a una recién licenciada
 atada con soga al cuello
y con un buen agujero debajo del suelo.

¿Vale la pena?

Todos somos hijos.
Todos somos la llaga que lacerará a mamá.

Aún así las hay que sostienen
que parir las santifica según el "biologistanismo":
Una religión tan vulgar como la propia vida.

Nacemos como nacemos.

Indefensos y apetecibles para los depredadores cobardes.
Solo el fuerte sobrevive.
Y el fuerte nunca entenderá de piedades,
igualdades y gratitud.
 (vio morir a su camada)

El ser humano es el retrato de su infancia.
Nacemos para morder.
Nadie puede ser justo si está indefenso.
Infectamos a quienes nos quieren
y respetamos a quienes tememos.

Por supuesto, puedes buscar más allá... 
...tienes permiso "democrático".
Te perderás entre
 un montón de espejos desconocidos
y razones aritméticas de ecuaciones de ningún grado.

¿Acaso crees que la inocencia
no es la herramienta de tu yo más abyecto?

La inteligencia lo tiene claro.
Eres tan listo como tus hormonas te permitan.
Aún así damos pena según quien nos mire.
Por eso cada vez es más miserable el planeta.

Porque el débil no se da cuenta de nada.

Y nadie que pueda reproducirse
está exento de ser víctima de su creación.






miércoles, 5 de febrero de 2020

siempre puede llegar un invierno.




Atado a un árbol escogió a sus enemigos.
De su madera muerta los ahorcó.
El más tonto de sus rivales
no supo hacer bien el nudo
y todos los que bebían con él mala cerveza
pagaron su ignorancia.

«No hay perdedor en la guerra
si la tierra que lo sepulta no se endurece
a golpe de pala y sequía»

Luego se montó un negocio.
Por cada sed daría un puñado de arena.
Los necios se acumularon en la puerta
y las carretas se atascaron
entre pequeñas montañas de heces equinas.
A nadie parecía importarle el hedor.

«De cada porción de victoria
la mayoría muerde el polvo de la batalla
mientras el líder se folla 
a quien quiera que le aguante»

No tardó en aparecer el elegido de un dios
que le advirtió de que por cada moneda
tendría que escoger entre la bendición de 100 rameras
o la palmada en la espalda del Amo todopoderoso.
Fuera cosa de un dios o de una manada de asnos con hambre
la arena sembrada se convirtió cal.

«De entre todas las explicaciones
escogió la que no era capaz de entender.
Tres días después lo enterraron hasta el cuello
en su suelo envenenado»

El hijo de aquel tonto que no supo hacer un nudo
había aprendido a subir videos a YouTube.

El resto fue cosa de las hormigas.

Cal o arena ellas recolectan...
...tienen claro que siempre puede llegar un invierno.