miércoles, 5 de febrero de 2020

siempre puede llegar un invierno.




Atado a un árbol escogió a sus enemigos.
De su madera muerta los ahorcó.
El más tonto de sus rivales
no supo hacer bien el nudo
y todos los que bebían con él mala cerveza
pagaron su ignorancia.

«No hay perdedor en la guerra
si la tierra que lo sepulta no se endurece
a golpe de pala y sequía»

Luego se montó un negocio.
Por cada sed daría un puñado de arena.
Los necios se acumularon en la puerta
y las carretas se atascaron
entre pequeñas montañas de heces equinas.
A nadie parecía importarle el hedor.

«De cada porción de victoria
la mayoría muerde el polvo de la batalla
mientras el líder se folla 
a quien quiera que le aguante»

No tardó en aparecer el elegido de un dios
que le advirtió de que por cada moneda
tendría que escoger entre la bendición de 100 rameras
o la palmada en la espalda del Amo todopoderoso.
Fuera cosa de un dios o de una manada de asnos con hambre
la arena sembrada se convirtió cal.

«De entre todas las explicaciones
escogió la que no era capaz de entender.
Tres días después lo enterraron hasta el cuello
en su suelo envenenado»

El hijo de aquel tonto que no supo hacer un nudo
había aprendido a subir videos a YouTube.

El resto fue cosa de las hormigas.

Cal o arena ellas recolectan...
...tienen claro que siempre puede llegar un invierno.






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