martes, 21 de noviembre de 2017

el juego del escondite.



No me gusta el juego del escondite.
He perdido a muchas mujeres
por no saber encontrarlas.

Al principio parecía divertido,
luego la cosa se iba complicando
y al final no cabía más conclusión
que la de que ellas se habían despeñado
por un acantilado del que no se distinguía
fondo alguno. 

Luego, pasado el tiempo
las volvía a encontrar paseando 
por la avenida principal de la ciudad
abrazadas a otros tipos.
Algunos se parecían a mí 
aunque otros eran completamente 
distintos.

Un día tomé el valor para 
pararme a hablar con una de esas parejas.
Quería preguntarle a él donde la había encontrado.
Yo había buscado en cada rincón del bosque,
en cada gruta o socavón. 
Incluso me había enfrentado a algún
que otro animal salvaje por haber invadido
su territorio. 

«Tengo cicatrices y todo» le maticé.

Y el tipo, muy cortes por cierto, me contestó:

«Deberías haberla buscado en mi cama. 
Es el primer lugar donde hay que buscar 
 a tu pareja en el juego del escondite,
pero estabas demasiado enamorado como para saberlo»




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