lunes, 9 de octubre de 2023

Entre porqueres y comoses...





Entre saber el porqué y saber el cómo

siempre me decanté por las mujeres

   que tienden sus bragas con gracia.


Nunca madrugué tanto

como para que un desconocido 

me regalara cromos a la puerta del colegio.

Aún así no perdí la esperanza

de que la peor película de terror 

me revelara las intenciones

del conserje de la escuela. 


Luego me enamoré de mi maestra.


Mi madre me cantó en la cuna

la nana del recién nacido,

y la cigüeña que robaba panes.

Poco después, 

entre sermones sobre lo que sí y lo que no,

me sujetó la cabeza en mi primer vómito 

para terminar acusándome de confundir

el alcohol con el abandono.


Después las creencias dieron paso a las ambiciones

y las ambiciones celebraron con campanadas

las promesas de un nuevo año a incumplir. 


Si he tenido algo claro en tu cama

—le dije al ver su cara de decepción —,

es que me parezco tanto a lo que esperabas de mí

como una rana a una serpiente.


Ni una ni otra se fijarían en una manzana

aunque se murieran de hambre.



miércoles, 4 de octubre de 2023

De cuando eras niño...

 


Ahora vas y te acuerdas

de las voces de los maestros.

No andabas tan errado

cuando sus palabras te sonaban 

a soplidos de silbato. 

Hay partidos que se ganan

y otros que se aplazan. 

Hay goles que atraviesan la red

y recoge-pelotas que miran a la grada. 

De vez en cuando un buen verso

mata al artista que odia la guerra. 

De vez en cuando la guerra

se atreve a tutear a tu familia.

Ojalá que ninguno de nosotros

sea carne de cañón.

No sé si sabes rezar…

pero quizá sea hora de ir aprendiendo.

Creas o no en un dios

no tienes ni puta idea de lo que pasa.


¿Y si nos hubiéramos fugado de la clase de historia

con la chica o el chico que nos gustaba?


(javiercasino.com)

domingo, 17 de septiembre de 2023

la serpiente no pudo estar más de acuerdo.


Nunca llegó a tiempo.

Tras su búsqueda del antídoto,

la princesa moría al segundo mordisco.


No encontraron a la serpiente.


Se habló de política

y de razones varias que cerraron

prósperas minas de oro.


Los pocos que se interesaron por la riqueza

enterraron el alfabeto y sus combinaciones

en los túneles del metro.

Luego estaba lo de encontrar a la serpiente.


Todo se torció a la hora de la siesta.


Los médicos aprovecharon 

para perseguir monedas

y dejaron que las farmacéuticas 

repartieran cromos en el recreo. 


De vez en cuando una postal

equivalía a cien cartas en el móvil.


A esas alturas la serpiente era insignificante.


Que ganar no era la respuesta

—adujo una niña entregando sus cromos.

Que prefería jugar a los médicos —

alegó el chico en el callejón.


Los jueces dictaminaron

que a partir del primer mordisco

todo bocado sabía igual. 


La serpiente no pudo estar más de acuerdo.