domingo, 21 de noviembre de 2021

ollas, brujas y cómplices...



«ya no te quiero» —me dijo ella.


Entendí que ya no quería jugar más.

Recogí mis cromos

y me fui a la casa de la bruja.

Allí al menos olía a puchero

y el resto de los niños tenía más miedo que yo.


No tardó en venir a buscarme.

«Me falta el que no sale nunca» 

—se lamentó.


A la bruja le gustaron sus andares.

«Huesos tiernos» —susurró a su gato.

El bicho se relamió.


Yo le guardé su album 

mientras ella se quitaba la ropa

para darse un baño caliente.


Los demás me miraron mal.

Sospecho que me acusaban 

de no haberla advertido a tiempo.


Luego les mostré los cromos repetidos

y me aceptaron en el grupo.


Cada vez quedamos menos

aunque comemos de caliente todos los días.





domingo, 14 de noviembre de 2021

una despedida


 (Para T.C.)

Me descubriste cuando te encontré.

A veces sí y a menudo demasiado.

De todas formas nunca y casi nada.

No por ti sino por mí.

Es lo que tiene el Purgatorio.

Nadie se redime sin atender a otro.

 

Me alegra tu ascensión al cielo

porque nunca te consideré Ícaro.

Vuelas sin necesidad de plumas

y eso que por alas te supones muletas.


No me despido porque no me faltas.

Quien te enseña se queda para siempre.


De vez en cuando una postal.

Cada hotel será un buen desayuno.

Te merezco por lo que me has dado

y no te mereces sino lo mejor.

 Por eso ni te deseo suerte.

¿Que sentido tiene hacerlo

cuando solo las hadas visitaron tu cuna?


¡Olvídame!

No es una orden…

Es un deseo….


Siempre he querido perderme.

 y tú tienes algo que me descubre.


Por si sirve de algo te diré que

te estaré echando de menos

aunque veas que me divierto

 con otra en el muelle.




domingo, 7 de noviembre de 2021

piedras y pedruscos.




Subió la piedra más pesada al altar

y la piedra se supo importante.

Cuidaría de las demás piedras —prometió.

No había necesitado piernas ni brazos

para ascender a la cumbre.

Se había aprovechado de la necesidad 

de la escavadora por escavar más allá del suelo.


Luego llegó la lluvia y el mar.

El viento y la nieve…

y todas las rocas rezaron a la escavadora

implorando al cielo
ser sótano

y a los sótanos cuidarse de las ratas.


Todavía algunos pedruscos

 escarban en la basura en busca de fuerzas.

Nada va más allá de sus intenciones.

Se desdicen diciendo…


Y es que ya lo advirtió el oro:

«Nadie me escoge en el desierto»