viernes, 31 de agosto de 2018

la maldición de la bruja y mi madre




(a mi madre)

Cuando era niño 
una bruja se posó 
sobre los cantos 
de mi cuna.

«Yo te maldigo», me dijo,
«por el mero hecho
de no haberte resistido
a nacer mereces
pasar por la vida 
y todos sus vaivenes»

Recuerdo que mojé 
el pañal de tela
que me habían puesto
y que mis ingles
se irritaron.

Aún así pude 
responder a la bruja
(que por cierto
estaba muy buena)
«No es ninguna maldición
lo que me lanzas...
nacer implica lo que me deseas.
Tendrás que esmerarte
más si quieres 
que te convoquen 
al próximo aquelarre»

Entonces llegó mi madre.
Estaba llorando.
«¿Y si eres desgraciado?»
susurró creyendo 
que yo no la entendía.

Y comprendí
la maldición de la bruja. 


jueves, 30 de agosto de 2018

sin uvas...






Hay un diablo cobarde por cada tentación lícita.
Un instinto irrefrenable por volver a la tierra.
Carencias anegadas por torrenciales oportunidades.
Uvas de la ira y un (poco consolador) perdón De Dios.

De cada beso surgen tres dudas
y de cada duda otro cuerpo que besar.
El deseo no es más instinto que el miedo
y sin embargo el miedo decide siempre 
el partido entre emociones y razón.

Que el mundo se va a la mierda
lo llevan cantando los mismos encapuchados
que saben que no se irá hace años.
La mierda no puede ser peor que el mundo
y el mundo, se vaya o no a alguna parte, 
no le importa a nadie a largo plazo.
Ninguno de nosotros es capaz de entender 
el concepto de "un millón de años".

Ninguno. 

Las fechas carecen de sentido cuando un ciclo
no supera más de lo que somos capaces de concebir.

Mientras tanto los segundos se consumen
lejos de lo que de verdad nos importa
y las nuevas religiones se disfrazan de ciencia.
Es la hora del triunfo del cálculo
del abrazo a las emociones
y  de la patada a la disciplina y el sacrificio.

Somos superiores a la naturaleza.
Nuestro cerebro antiguo estorba 
a la hora de elegir quien se queda con el hijo.
La evolución de Darwin se va quedando atrás
y un Dios trasnochado se disfraza de amor fraternal
con tal de no perder afiliados.

No puedo darte más razones, amiga,
para cobijarme bajo tus sábanas.

Hayas o no existido antes de mi epifanía...

...sé que ya no me quedan más uvas en el racimo.










martes, 28 de agosto de 2018

arena entre los dedos...





Me abres la puerta de tu casa.
Reconozco en tu mirada
la desilusión y la derrota.

Tenías planes.

Tuviste veinte años.
Y pensaste que si hacías 
lo que te enseñaron en el colegio
el hombre sería hombre
y las calles solo paseos 
para llegar hasta algún lugar útil.

Luego llegó el camión de la basura
y se olvidó de parar en tu puerta.
A pesar de eso tus ojos siguieron bellos
aunque algunos dicen que dejaron de mirar.

Y yo en otra parte.
De otro macho y otra hembra.
Aprendiendo otra lección podrida
mientras tú seguías inconsciente
a tu suerte en el pupitre
que antes ocuparon otros...
y otros... y otros...

Aún así te esfuerzas
en demostrarme que todo mi pasado
no habrá dejado mas que arrugas atractivas
 si desaprendo y me dejo hacer (que no llevar).

Entonces me queda claro.

Aún tu peor gesto
contiene más poesía
que cualquier verso.

Aún el mejor poema
se hace arena entre tus dedos.

Aún el mejor desierto
no abarca más sabiduría
que tu silencio.

No eres quien me invita a pasar.

Eres la que me obliga a quedarme.