jueves, 30 de agosto de 2018

sin uvas...






Hay un diablo cobarde por cada tentación lícita.
Un instinto irrefrenable por volver a la tierra.
Carencias anegadas por torrenciales oportunidades.
Uvas de la ira y un (poco consolador) perdón De Dios.

De cada beso surgen tres dudas
y de cada duda otro cuerpo que besar.
El deseo no es más instinto que el miedo
y sin embargo el miedo decide siempre 
el partido entre emociones y razón.

Que el mundo se va a la mierda
lo llevan cantando los mismos encapuchados
que saben que no se irá hace años.
La mierda no puede ser peor que el mundo
y el mundo, se vaya o no a alguna parte, 
no le importa a nadie a largo plazo.
Ninguno de nosotros es capaz de entender 
el concepto de "un millón de años".

Ninguno. 

Las fechas carecen de sentido cuando un ciclo
no supera más de lo que somos capaces de concebir.

Mientras tanto los segundos se consumen
lejos de lo que de verdad nos importa
y las nuevas religiones se disfrazan de ciencia.
Es la hora del triunfo del cálculo
del abrazo a las emociones
y  de la patada a la disciplina y el sacrificio.

Somos superiores a la naturaleza.
Nuestro cerebro antiguo estorba 
a la hora de elegir quien se queda con el hijo.
La evolución de Darwin se va quedando atrás
y un Dios trasnochado se disfraza de amor fraternal
con tal de no perder afiliados.

No puedo darte más razones, amiga,
para cobijarme bajo tus sábanas.

Hayas o no existido antes de mi epifanía...

...sé que ya no me quedan más uvas en el racimo.










martes, 28 de agosto de 2018

arena entre los dedos...





Me abres la puerta de tu casa.
Reconozco en tu mirada
la desilusión y la derrota.

Tenías planes.

Tuviste veinte años.
Y pensaste que si hacías 
lo que te enseñaron en el colegio
el hombre sería hombre
y las calles solo paseos 
para llegar hasta algún lugar útil.

Luego llegó el camión de la basura
y se olvidó de parar en tu puerta.
A pesar de eso tus ojos siguieron bellos
aunque algunos dicen que dejaron de mirar.

Y yo en otra parte.
De otro macho y otra hembra.
Aprendiendo otra lección podrida
mientras tú seguías inconsciente
a tu suerte en el pupitre
que antes ocuparon otros...
y otros... y otros...

Aún así te esfuerzas
en demostrarme que todo mi pasado
no habrá dejado mas que arrugas atractivas
 si desaprendo y me dejo hacer (que no llevar).

Entonces me queda claro.

Aún tu peor gesto
contiene más poesía
que cualquier verso.

Aún el mejor poema
se hace arena entre tus dedos.

Aún el mejor desierto
no abarca más sabiduría
que tu silencio.

No eres quien me invita a pasar.

Eres la que me obliga a quedarme.





viernes, 17 de agosto de 2018

lo frágiles que son nuestros hígados.





 Tan sencillo como escuchar canciones que sepan contar algo.
Tan fácil como eso y tener a mano una mujer bonita,
un cuaderno con más páginas en blanco que escritas
y más ganas de conocer que de ser conocido.

Da igual el estado de las paredes.
El genio que gaste el presidente de tu comunidad
y las veces que la policía te visite para encarrilarte.

Lo importante es que sepas apreciar 
los gestos de los demás por lo que son en realidad:
de los demás.

Si consigues que los besos que se dan a tus espaldas
no te dejen moretones en el pecho
ten seguro que aprenderás el valor real del amor.


No es difícil.
Se trata de no apostar por más justicia 
que la que condenaría a tu madre por puta 
y a tu padre por putero.

El calor, el sudor pegajoso, los mosquitos impertinentes...
son solo intervenciones pueriles de algún demonio revoltoso
que insiste en que reniegues de todo lo bueno
que el dios que hayas escogido te esté regalando a estas alturas de tu vida.

Las divisiones del mundo te resbalan cuando encuentras esto.

Y ¡cuidado!

¡Van a acusarte de colaborar con el otro bando cada uno de los bandos!

Es lo malo de tu independencia.
Las mayorías irán a por ti.
Demasiado cobardes para enfrentarse entre ellas.
Demasiado inteligentes para joderse el negocio.

Pero tampoco hay que preocuparse demasiado.
Llegará otro domingo y todo se paralizará.
Los malos y los menos malos 
tendrán que ocuparse de sus resacas
y tú y yo de la nuestra.

Ese es el único momento en la cuerda del tiempo
en el que todos nos parecemos...

... cuando el alcohol de la noche anterior
nos recuerda
lo frágiles que son nuestros hígados.