domingo, 7 de noviembre de 2021

piedras y pedruscos.




Subió la piedra más pesada al altar

y la piedra se supo importante.

Cuidaría de las demás piedras —prometió.

No había necesitado piernas ni brazos

para ascender a la cumbre.

Se había aprovechado de la necesidad 

de la escavadora por escavar más allá del suelo.


Luego llegó la lluvia y el mar.

El viento y la nieve…

y todas las rocas rezaron a la escavadora

implorando al cielo
ser sótano

y a los sótanos cuidarse de las ratas.


Todavía algunos pedruscos

 escarban en la basura en busca de fuerzas.

Nada va más allá de sus intenciones.

Se desdicen diciendo…


Y es que ya lo advirtió el oro:

«Nadie me escoge en el desierto»




lunes, 1 de noviembre de 2021

manzanas y gusanos







Dibujo: Paloma Sorribes


No tuvo hijos.

Prefirió coleccionar cromos

y saldar deudas con sus demonios.

Algunas mujeres le advirtieron

de que más allá de los años

quedaban las malas razones.


Nunca faltó a misa un domingo

y mientras el mar aguardaba a su barco

se dedicó a predicar la anarquía 

entre su tripulación.

Su naufragio lo celebraron

los que nunca brindaron a su lado

y una parte de la mitad 

de los que no felicitaba por su cumpleaños.


Llegado el día de su comunión

el cura le dio una sonora hostia.

«Cumplí dos sacramentos 

de una sola tirada de dados»

—solía decir a quien le preguntaba

por la razón de sus dientes rotos.


Poca gente le llamaba redentor,

algunos mecánicos agradecían sus cheques,

y por encima de todos ellos

las tumbas de las mujeres solteras

coreaban su nombre en griego.


A todas ellas dirigió sus últimas palabras:

—«Ni me justifico ni me condeno

pero os aseguro que la manzana

 tenía un gusano».


jueves, 21 de octubre de 2021

Tachuelas y el perro de mi pareja.





El perro de mi pareja me echó el aliento.





Yo comía, él no. 

Me resultó nauseabundo.

Así que pensé en los robots.

Robots de verdad,

no los aspiradores redondos 

que nos roban las tareas “Mindfulness” del hogar.

(Es cierto que no me gusta barrer

pero tampoco me mola lo del “Mindfulness”).


Retomo el asunto del perro de mi pareja.


Siempre le tuve compasión.

¿Cómo no tenérsela si nunca le vi coger un libro?

Su mayor entusiasmo pasaba

por cuando yo abría la nevera. 

Entonces sus catorce años revertían 

a la infancia y su diagnosticada ceguera

descubría la misma luz que Lázaro

al salir de su tumba. 

«Serás carne de carnet de paro si no lees» —le decía yo

mostrándole la colección de Barco de Vapor.


Vuelvo a la cosa de los robots.


Comprendí que el perro sufría

y que mi pareja también al verlo rejuvenecer.

No estamos preparados para ir hacia atrás.

La vejez forma parte de lo que esperamos

y cualquier otra cosa acojona.


Por eso inventé a “Tachuelas”.

El robot que daba sin requerir mantenimiento. 


Al principio me tacharon de inhumano.

Luego se burlaron de la música que escuchaba

y al final escogieron de mi estantería

los libros con los que cocinar su caldo.


A mí no me tocaron.

Acerté con la sal a la hora de rociar mis libros.

Alguien ganó.

Yo no, desde luego.

Mi pareja tampoco… 

“el-fin-()-(al)” del perro (por lo visto) era que se moría.


“Tachuelas” triunfó en ventas.


Cinco estrellas…

…“A todos satisface. Es el mejor amigo del hombre”

 —escribían en los comentarios online.


¿Cómo no iba a hacerlo si solo daba?

—me quejé desde una cabina telefónica del siglo XX.


«Haber dejado la nevera abierta»

 —me contestó una voz desde 1990.