miércoles, 20 de junio de 2018

la poesía de la nueva psicología y el calor extremo.







Será el calor extremo
el que te cansa.

El calor intenso solo se agradece
cuando tienes alguien que te seca el sudor.

Alguien preferiblemente en bragas y sujetador.

Alguien a quien reconoces 
incapaz de desnudarse para nadie
que no sea lo peor de ti mismo. 

Pero hay ocasiones en las que las paradas
de autobuses se llenan de peregrinas.
porque hay santos a los que visitar
y dar gracias.

Hombres, como tú y como yo,
que supieron mantenerse al margen
de las necesidades de cualquier mujer
y ahora juegan en la liga
de los que no han de rendir cuentas.

Santos en definitiva.

Para sus madres.
Para sus madres y para las recién conocidas.

Mientras tanto tú sigues dando de comer a los peces del acuario.
Suerte que optaste por el de agua dulce aún con sus súplicas
y los guiños del vendedor.
A fin de cuentas los colores que vas a perder de vista
no son tan excitantes.

Terminas por coger el auto y enfilas cualquier avenida.
Las putas parecen vírgenes
y sabes bien que su rango es superior al de los 
perfectos y libres de toda culpa. 

No hay más pecado que la confusión elegida.
No hay más farsa que la comodidad.
No hay más amor que el correspondido.

Todo lo demás...
...poesía de la nueva psicología,

o simplemente...

 ...el calor extremo
que, seamos francos, cansa.










miércoles, 13 de junio de 2018

el parque de atracciones.





(Para A.)


¿A quién rezar cuando se te acaban los dioses?

Amiga, no se trata del tiempo que aguantes caminando.
Son las paradas que haces las que deciden
si vas a seguir dando pasos.

Después de cada luna vuelve el sol
y los ciegos han de creerlo.

¿Qué pasa cuando la noche es perpetua?

¿Quiénes somos para atrevernos a enunciar (.Mat) nada?

Una pecera y el mar son igual de necesarios
para el pez.

¿Qué eres tú, amiga? 
¿medusa o bañista?

Comas lo que comas
hagas lo que hagas
pienses lo que pienses
solo lo que te emociona
se clavará en la diana de tu memoria.

¿Hay entonces universo
más allá de nuestro corazón?

No te compadezcas de aquellos a los que abandonas, amiga,
ellos seguirán nadando en el mismo océano.
Eres tú la que tienes que estar segura
de que la resaca tras el estrecho no te marea.

¡Claro que te animo a seguir remando!

Sería cínico por mi parte no hacerlo.
Yo llegué por fin a mi isla. 
Ningún puerto en mi sangre daba a un buen atardecer...
...y te puedo asegurar que ya no tengo de qué preocuparme.

Pecera, acuario, mar u oceano
no tengo más necesidad que respirar...

¿acaso no es eso el parque de atracciones
que cualquier ser humano desearía visitar?

Dímelo tú, amiga...
Necesito tu confirmación.








domingo, 10 de junio de 2018

por la noche no le importaba...





Me levanté. Era domingo y temprano.

«Tienes papada» —me dijo cubriéndose con la sábana
aparentemente ruborizada.

Lo sé de sobra aunque me sorprendió
que por la noche no le importara. 

«Deberías cuidarte más y beber menos»

Lo sé de sobra aunque me sorprendió
que por la noche no le importara.

Me planteé si responder a sus apreciaciones.
Consideré si era digno justificar
con alguien que acababa de despertar
lo que para la que se acostó a mi lado por la noche
no suponía ningún problema. 

«En realidad no sé porqué sigo contigo... 
tu magia ha desaparecido. 
El último conejo que apareció de tu chistera
llevaba muerto más de cien funciones» —sentenció.

Y ya no me pude resistir.

Según los manuales de la psicología moderna
no podía consentir que me trataran así.

Así que dije:

«Si no te gusto vete... yo no puedo abandonarme.
Supondría reconocer que no estoy satisfecho con el semen
de mi padre y el óvulo de mi madre»

«¿Eso es todo lo que vas a hacer por retenerme?» 
—se indignó.

Lamenté que no lo considerara suficiente
cuando la vi subirse al autobús, 
pero sabía con certeza que era lo mejor
para ella.

Mi padre me lo dejó claro antes de morir:

«Te quiero tanto que no quiero 
que estés a mi lado cuando no me reconozcas»
—me indicó.

Lo que me jodió un poco 
fue verla llorar mientras se alejaba
apoyando su mano derecha 
contra el cristal de la parte de atrás.

¿Lo peor?

 La compañía de viajes no vendía 
billetes de ida y vuelta.