domingo, 14 de agosto de 2022

mi casco amarillo


 

Mis padres me regalaron 

un casco amarillo que lucía con orgullo.


Nunca me importó el acné,

ni la ropa de marca.

Peinarme suponía un suplicio

y solía jugar con amigos imaginarios.


Hasta los más duros del barrio

alababan mi casco amarillo

cuando me veían dar puñetazos y patadas al aire.


No reconocí la realidad

hasta que aquella virgen 

(cientos de años más tarde)

 me preguntó:

«¿Estás seguro de que no se 

estaban burlando de ti?»


Ya no me quedan amigos imaginarios

pero sigo llevando mi casco amarillo.


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