viernes, 26 de abril de 2019

infiernos y perdones




Mi abuelo se arrancó los ojos de tanto verme.
Le recordaba a su juventud
y prefirió quedarse ciego
antes de retirarse al infierno.
Dijo que así el submundo solo sería
un lugar cálido.

Nunca hablamos demasiado.
Podía advertir que no era su preferido.

Nací cuando la suerte le estaba siendo más favorable.
Tener que renunciar a sus partidas de guiñote
por un crío en pañales le jodía bastante.

Esto nunca me lo reconoció.
Pero supe que había sido así a dos días de su muerte.
Cuando mi Padre me obligó a verlo postrado,
ajado y más lejos de la humanidad que de una piedra.
«Todo el mundo merece compañía a la hora de irse»
me dijo.
Por alguna razón no estuve de acuerdo con él.
Aún así fui. 
(Más que nada porque me obligó)

No sentí pena. No sentí dolor.
Un ataque de risa se apoderó de mí.
Un ataque de risa que mi hermano 
atajó con un pellizco en mi brazo.

Los hay que mueren sin dignidad.
Los hay que mueren como árboles.
Los hay que han estado para sí mismos.
Los hay que nunca dejan de servir a los demás.

No estoy diciendo que mi abuelo
fuera un hombre malo.
Pero no puedes preferir unos naipes
a tu sangre.

Ningún árbol lo haría.

¿Qué sería de nosotros?

Ahora los cipreses lo custodian
para que no escape de sus vacaciones tropicales.
Yo visito cada San Juan su tumba.

Me contaron que mi padre la escavó un poco más
sin derramar una lágrima.
El ataúd no quería caber en el agujero
y el enterrador se limitaba a quejarse
de que el modelo de caja escogido
no cumplía con las medidas estándar.

En realidad no voy por él.
Aquel cementerio me recuerda a mi Padre.
Y estoy seguro de que Él
sigue esperando año tras año
a que yo también perdone a aquel hijo de puta. 









sábado, 20 de abril de 2019

Mi cuaresma y Carlos.






Al Paracas: Eterno, auténtico y amigo.




Lo crucificaron los mismos que te crucificarán.
No se trataba de pueblos ni religiones.
Fueron este, aquellos y el que se escapaba.
El que se escapaba sobrevivió.
Y ahora te conoce y predica 
algo parecido a que "sin ti no es nada.

Pero no multiplica panes para que coma tu familia
 sino que se come la mitad del que tú amasaste.

Yo agradezco al hombre las fábricas de cerveza
y a Dios que creara a una Eva desobediente.
Lo de exterminar a su hijo a cambio de mi perdón
me parece innecesario...

No tengo perdón... no puedo tenerlo... soy un mamífero.
Aunque cuento con él sobre todo en Pascua.
(No puede dejar de haber algún sacerdote que crea en su Jefe
y que me indulte sin humillarme).

Desconozco si Jesús murió o resucitó por estas fechas.
Ignoro por completo la magia de la Física.
Se empeñaron en desvelármela en el instituto
y yo en utilizarla a la hora de no cargar peso:

«Lo que se puede arrastrar mejor lo levantas»
Al menos eso fue lo que yo entendí.

Por supuesto suspendí en gimnasia, ética y aptitud.

Aún así seguí creyendo en Juan Tamariz y la Semana Santa.

¿Cómo sino mi amigo Carlos iba a encontrar la carta
que yo escogí entre toda la baraja 
mientras las cervezas se multiplicaban en la mesa?
















domingo, 7 de abril de 2019

Esto va de lo que va me dijo el almendro.




Ninguna se atrevió a bendecirme.
«Pareces buen tipo... pero seguro que escondes algo»
En realidad ni yo mismo sabía que responderles.

Los mejores cantautores habían sido unos canallas.
Por fin los periodistas habían hecho un trabajo digno
y los habían descubierto.

Al menos en algo estaba de acuerdo la humanidad.
La coliflor cocinada olía mejor que un humano muerto.
Y no tardó en surgir un movimiento para dejarlo claro.
Lo peor fue convencer a los escépticos.
No hay experimento creíble sin cobayas sacrificadas.

Yo era un privilegiado.
Tenía a un Dios que llevaba con nosotros
más tiempo que el Sol 
y que en contra de lo que algunos creen
no se dejaba ver por su creación ni en foto.

Normal por otra parte...
Panda de hijos de puta estamos hechos...

Así que le recé para que me explicara de qué va todo esto.
Había leído sobre el asunto
pero uno ya no sabe si al árbol bajo el que se cobija
le han hecho la corbata los que te prefieren lejos de la sombra.

No tardó en responderme:
Por alguna razón me tenía por uno de sus preferidos.
Solo Lucifer, mi novia del instituto y yo 
cumplíamos los requisitos para gustarle.

«Esto va de lo que va... —me aclaró —»

«Amen» dije yo.