domingo, 27 de agosto de 2017

cuentecillos...



Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus.
Resumiendo: Hay que aprender a vivir en el destierro.

***

A pesar de estar a su lado él la notaba ausente.
Cuando se separaron la tuvo más presente que nunca.

***

«¡No aguanto más» dijo ella llena de orgullo al descubrir
a su novio hablando con una desconocida por el Facebook.
Pero aguantó.

***

Él miró el ramo que su esposa había llevado el día de su boda.
Se habían casado hacía tres meses. 
Observó las flores. Estaban marchitas. 
Pensó que era una buena excusa para entablar una conversación.
Desde que regresaron del viaje nupcial
ella se había pasado las noches viendo la tele en el dormitorio
y él escuchando programas deportivos en la radio con los auriculares.
«Ese ramo habría que tirarlo» comentó.
«Espera que se seque del todo. Lo pondré en un lienzo y lo enmarcaré» contestó ella.



Y él no supo si aquella desconocida hablaba del ramo o de él.

miércoles, 23 de agosto de 2017

miedo a la carretera


Si hubiera podido entregarte
al chico que se enamoró por
primera vez tal vez hoy
no tendrías miedo a la carretera.

De haber sabido lo que sé
no hubiera cometido los
mismos errores... ni de lejos...
hubieran sido otros...
pero los elegiría a ojos cerrados
con tal de que hoy, tú...
no tuvieras miedo a la carretera.


La vida... ni me ha hecho sabio
ni mejor persona.
La vida solo ha ido acumulando
cosas en las que pensar.
Ni siquiera las que ya no están
alivian el equipaje.
La vida pesa, tesoro...
Explícame sino ¿por qué tú
tienes miedo a la carretera?

El otro día di una limosna
a un rico que estaba tomando
una copa en el puerto marítimo.
Se encabronó.
Me llamó gilipollas...
Y yo pensé... si claro...
que un gilipollas te iba a dar limosna.

No lo sé cariño...
ni yo puedo rescatarte
ni tú deberías haberme tendido la mano.
Total...
Tú sigues sin entender
qué es lo que no me deja dormir
y yo
qué es lo que te hace tener miedo a la carretera.






por no atreverme...




Acércate, pareces decirme desde la barra.
Antes que tú he conocido a otros,
pero se vaciaron por mi boca 
lo mismo que esta copa. 
¿Quieres ser tú mi siguiente Martini?

Nena, yo sería vodka —te contestaría.
A mí no me podrías beber a palo seco,
te abrasaría la garganta y toserías...
eso sí... te haría sentir embriagada en muy poco tiempo.
Y seguramente repetirías trago
porque aún jodiéndote dejaría buen gusto 
en algún lugar de tu amarga existencia.

Claro que tú sabrías estar a la altura y me replicarías
(no sin antes haber vuelto a dar otro sorbo al Martini)
con desdén. 
Dándotelas de que te veías venir mi respuesta
desde que me has visto aquí sentado.

Porque lo has hecho. Llevas fijándote en mí 
mucho rato. No sé a donde habrá ido el tipo ese que te 
acompañaba cuando entraste. 
Bueno... tal vez si lo sé... seguro que le has pedido 
que se fuera a casa... ese no pasaba de ser una 
cerveza de marca blanca... ¿Me equivoco? 

¡Ah! Ahora finges que no te importo
y te marchas... sí... no mires... No me dediques la mirada
que estás deseando dedicarme cuando pases a mi lado.
No lo hagas... no vayas a derrumbarte. 
No vayas a tener que admitir 
que de todos los tipos con los que has estado...
¡de todos!...

...ninguno estaba tan solo como yo.

Tan solo y jodido como yo...

Supongo que es el precio que debo pagar
por preferir el vodka a todo lo demás.