lunes, 29 de julio de 2024

amores de barrio.


 

Resplandecía como las calles

de Valencia en las tardes de Julio.


Toda luz y deshabitada.


Pendiente de otras cosas,

perenne a vete tú a saber qué

y de vez en cuando,

atenta a esas oportunidades

que uno necesita para saberse en cuenta.


Yo la llamaba a voces,

los que no estaban lo hacían por su nombre

y ella iba o venía según sus reglas.


Le supliqué mis últimas palabras

en uno de esos barrios que arden 

entre las nuevas oportunidades

y los toldos roídos de tanto sol.


La gitana que puso romero en mi tumba

me lo dejó claro antes de cobrarme:


«si pretendes amar a una mujer como esa

debes aprender a susurrar»


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jueves, 25 de julio de 2024

Abismo...



Apostaba lo mismo al par que al impar

y todo lo que recaudaba cabía

en el culo de una botella. 

Se medicó con buenas religiones

y sesiones de mala televisión.

«Puede que naciera muerto»

—le diagnosticó el forense 

antes de presentarle a su esposa.


En realidad, el tipo, solo quería salvarse.



domingo, 28 de abril de 2024

mi cerebro y sus cosas

 


A mi cerebro le han puesto una camisa de fuerza

y no deja de mirar a través de los barrotes.

Dispara a las sombras de los pájaros

que se mueven por el suelo cuando hace sol

y cuenta las gotas de lluvia

que caen de los grises del cielo.

Su celda lleva tiempo sin centinela

(dicen que se marchó con la exnovia

de su hijo y que ya no se hablan…

la exnovia y él… no el hijo y el padre)


El hijo pasa de todo menos de mi cerebro.

Hoy, sin ir más lejos, le ha traído comida

y aunque mi cerebro la ha rechazado

él se ha quedado a su lado 

hasta que le ha entrado sueño

y se ha ido a dormir con la exnovia de su padre.


A mí todo esto me da pena.

Ningún hijo debería ocuparse de las tareas inacabadas.