miércoles, 3 de octubre de 2018

la reflexión de la sartén.




Me pidió que usara las pinzas de madera en la sartén.
Las metálicas podían quitar el esmaltado antiadherente.
Por lo visto esa era la razón de que las sartenes me duraran tan poco.

Eso me lo dijo a las pocas horas de conocernos.

La había invitado a terminar la noche en mi casa
y de madrugada nos entró hambre y preparé algo.
Ni siquiera había sartenes a la vista.
¿Cómo podía saber si me duraban poco o mucho?

No di más importancia al asunto.
La gente tiende a magnificar la nimiedad
para convertirla en regla universal
y así tener algo de lo que hablar que no sea de ellos mismos.

A la mañana siguiente nos despertamos con hambre.
Se ofreció a preparar los filetes que tenía en la nevera a punto de caducar mientras se colocaba con gracia las bragas.

Yo llegué unos minutos más tarde a la cocina.
Los estaba cortando en trozos más pequeños
con un cuchillo y un tenedor metálicos apoyándose en la propia sartén.

Me interesé por la razón que le llevaba a incumplir 
su propia sugerencia.
«Yo tengo cuidado» me explicó.

¿Cómo podía saber si yo era un hombre que no tenía cuidado?
Apenas habíamos hecho otra cosa que no fuera follar
en el poco tiempo que nos conocíamos.

No di más importancia al asunto.
La gente tiende a juzgarte sin conocerte
para hacerse una idea falsa de quien eres
y así poder cumplir sus fantasías de curarte, 
mejorarte o lo que sea que quieran hacer contigo.

Nos casamos al año.

Seis meses después no me quedaba ninguna amiga.
Según ella todas me amaban en secreto y 
esperaban pacientes a que después de 15 años de amistad
las poseyera como el mejor amante.
No era sano para nuestra relación que conviviera con la tentación.

Al año y 8 meses la encontré con otro hombre en la cama.

Soy un hombre que entiende lo bueno y lo malo del matrimonio.
Lo malo de que dure mucho y lo bueno de que acabe pronto.

Quise tranquilizarla. Le expliqué que no se preocupara por mí.
Encontraría a otra. Volvería a ser feliz.
Pero me aclaró que no estaba nerviosa. No debía tomármelo a mal.
Por lo visto no eran cuernos graves... 
Sí... había pasado... pero no sentía nada por él... 
se trataba solo de la casual combinación
 de un calentón y un desconocido que llevaba
 trabajando varios meses en su oficina
 pero con el que nunca había intimado de esa forma hasta ese día.

Había sido solo un calentón.
Solo sexo. 
Solo sexo y nada más.

Puedes creerme, amigo, cuando te digo
 que en lo único que pensé mientras la escuchaba
 fue en la jodida sartén.








martes, 2 de octubre de 2018

el túnel





No estoy preparado para nada.
Todo me sorprende.
Tras cada paso otra prueba.
Tras cada prueba
ni fracaso ni logro.
Solo otra. 
Y otra.
Otra.

Sin haberte buscado me encuentras.
Como Ángel me anuncias 
que tu Dios no me espera.
Que hay autobuses de sobra...
Y que lo mejor para alejarse
es quedarse quieto.

Te pregunto por los libros de autoayuda
y me regalas un espejo
y una foto de mi madre,
 y una foto de mi padre.

Antes de conocerse.

Eso sí.

Antes de conocerse.

Exhibes tus piernas y tus ojos
y me invitas a atravesar el túnel juntos.

«Ahí dentro —me adviertes— 
muchos han caído 
por no saber separar el deseo de la piel
ni el amor del instinto»

Ni te entiendo ni quiero hacerlo.
Tus piernas y tus ojos son tan innecesarios
para la vida como cualquier diamante o pepita de oro
y aún así no dudaré en matar 
al primer fantasma que trate de hacerte daño 
mientras lo atravesamos.

Sonríes.

«¿Es que nuestro Dios ya me tiene por bueno?» 
te pregunto.

Y llorando me respondes:

«Ojalá fueras ateo»








"gaudeamus igitur" dijo mi Señor.




En mi Roma el César es siempre una mujer
y en el Coliseo no se matan cristianos.
No hay más fiera que sus piernas
ni más tortura que saberme privilegiado
por haber sido esclavizado.

Aún así yo miro al cielo 
y me encomiendo a la voluntad de mi Señor.
Asustado le rezo:
«Si has de liberarme hazlo ya, Padre,
no esperes a que su imperio sea invadido
y devastado por otros ejércitos y sus lencerías»

Él me habla de primaveras y otoños.
De veranos y de inviernos.
Y me explica que la respuesta 
nunca está en los climas tropicales.
Dice que allá donde el verde es perenne
se esconde el secreto de la vida eterna
y que vivir para siempre aburriría a cualquiera
que no supiera crear un universo de la nada. 

Que nadie puede lograrlo.

Que los monoteístas estamos en lo cierto.

Y que gaudeamus igitur iuvenes dum sumus.