lunes, 27 de abril de 2015

ordenando...





Fotografía: Natalio Casino


Arrastraba un caos de vidas pasadas.
Yo quise ordenarlo con mi compás y mis reglas.
Y por eso me dediqué a dibujar
la cuadrícula sobre la que debería dar sus pasos.

Tras ordenarla.
Sus ojos pasaron a ser la mirada del desierto.
Su boca la clausura de cien monjas.
Su cuerpo el plástico de un maniquí.

Y yo…
un perfecto imbécil.

domingo, 8 de marzo de 2015

Mi ignorancia en el pasado


Te quiero más.
Pensé que no podría hacerlo.
Pero ha llegado el momento de reconocer
mi ignorancia en el pasado.

Tu piel me sabe mejor.
Tus piernas me parecen más largas.
Tu sonrisa vale más.
Creí que no podía hacerte más bella.
Pero ha llegado el momento de reconocer
mi ignorancia en el pasado.

Los hombres y las mujeres temen al tiempo
cuando se enamoran.
Los libros no paran de advertirnos 
de que, haya o no final, la pendiente es de bajada.
Fui un pesimista creyéndolo, 
Y ha llegado el momento de reconocer
mi ignorancia en el pasado.



Fotografía: Javier Casino
Cada vez que me regalas tu desnudo,
doy gracias a Dios por haberte enviado la lluvia
que te condujo a mi refugio.

Y de tu habilidad para regalarme pastillas de vida,
no puedo hablar sin caer en la utopía desmentida.

De verdad que supuse que te cansarías
de ser una dama eterna.
Que terminarías por convertirte en la piedra de mi camino
apenas dejara de interesarte.
Pero ha llegado el momento de reconocer
mi ignorancia en el pasado.

No puedo entender por qué el universo
se empeña en regalarme lo mejor.

Creí que había sido condenado a ser otro peatón más
 en las calles de la costumbre.
Que mi apellido no estaba llamado 
a ser bendecido por la llamada de una mujer única.

Y claro me queda.
He de reconocer que ha llegado el momento de reconocer
mi ignorancia del pasado.

Te amo en el error y en el acierto.
Y eso solo puede significar dos cosas.
Que eres todo lo que mi parte desconocida
da por bueno.
Y que tengo que reconocer


mi ignorancia del pasado.



martes, 18 de noviembre de 2014

un motín en tus bragas.

Fotografía: Javier Casino

Los mensajeros de tu bando se presentan ante mí.

Se ha declarado una guerra civil
en nuestro dormitorio.
Se han amotinado en tus bragas
el mercenario “Enfado” convenciendo al cabo “Lujuria”.
Apoderándose de su voluntad con palabras engañosas.

Ambos se han atrincherado tras unos sacos
de castidad y abstinencia
y tienen provisiones para varias semanas.

Mis soldados temen lo peor.
Cualquier batalla entre ciudadanos que comparten techos
será siempre sangrienta.

Mi alférez “Corazón” apela al diálogo:
Cualquier negociación
es siempre mejor que la violencia
–argumenta recibiendo la reprobadora mirada del sargento “Polladura”.

¡No hay acuerdo que valga
cuando se ha dado un golpe de estado!
–grita "Polladura" golpeando a sus esbirros “los hermanos Cojones”.

Mis dos militares enfrentados esperan
a que el General “Raciocinio” tome una decisión.

Este se ha encerrado en su despacho.

Tarda.
Tarda.
  Tarda...

Y tanto que lo hace.
Se ha ahorcado de la lámpara y se balancea como un péndulo.

De sobra sabía que cualquiera de sus maniobras tácticas
era un suicidio...

...a la hora de imponerse a las emociones


que ya habían sitiado la zona estratégica de tu vagina.