miércoles, 8 de enero de 2014

Las botas y el bastón.

No creía en los reyes magos. Ni en Santa Claus. Ni en San Valentin. Ni siquiera los cumpleaños significaban algo. Para él regalar debía salir de uno mismo. Nada de tradiciones arbitrarias. Por eso aquel día. Un día cualquiera. Decidió regalarle unas botas. Unas botas de montaña de piel y cómodas para hacer todos los kilómetros que el corazón resista. A ella le gustaron. Estaban a la moda en colores y diseño. Había acertado.

Pero para él las botas era solo el instrumento para poder explicar su mejor regalo. Así le contó mientras saboreaban unas copas de vino, que las botas eran para que explorara la vida. Que visitara otros mundos. Otras tierras. Otras maneras de pensar. Siempre había pensado que su novia era un poco simple. Una mujer demasiado dependiente de él. Y con eso la estaba invitando a buscarse y crecer.

Ella rió y le besó. Luego comenzaron a hacer el amor.

Al día siguiente. Mientras la tele les robaba sus cerebros y su tiempo ella se levantó y le entregó un paquete. Él lo abrió emocionado y tras las frases típicas de no tenías por que hacerlo… yo te regalé las botas porque te quiero… observó con perplejidad que era un garrote. Un bastón.

Con su mirada preguntó que qué sentido tenía eso. Ella no era una mujer profunda por lo que no esperaba ninguna respuesta. Pero se equivocó:

–El bastón es para que te sostenga cuando vuelva de mi viaje y te cuente todos los dormitorios que he visitado –. Le dijo.


Él no rió y no la besó. Y luego no hicieron el amor nunca más… (juntos claro).

martes, 26 de noviembre de 2013

Resolviendo...


Buscas soluciones donde tus miedos te permiten mirar.
La esperanza va y viene como la peor y más frívola de las amantes.
Los días no significan nada por sí solos
y pretendes explicar tu existencia
confiando en religiones, gimnasios y dietas.

Luego vienes a mí y me preguntas
¿Cómo lo haces?
¿Por qué a ti no parece salpicarte nada de lo que te rodea?

Te miro con ternura y le doy gracias a lo que sea, en silencio,
por haberte hecho tan bella y tan cercana a mí.

Te impacientas ante mi ausencia de palabras
y me acusas de irresponsable, inconsciente y cobarde.
¡Cobarde! me llamas por no enfrentarme a la vida
como te enseñaron en la escuela que hay que hacerlo.

Dudo de si enfadarme contigo por atacarme
o conmigo por no haberte podido enseñar 
lo que a mí me sirve.

Te miro con ternura y le doy gracias a lo que sea, en silencio,
por haberte hecho tan bella y tan cercana a mí.

Te alejas indignada e incomprendida
y solo se me ocurre esperar a que un día,
entiendas que un problema tiene mil soluciones
y que cada solución abrirá mil problemas nuevos.

Esperar otra cosa es ser idiota perdido.



lunes, 25 de noviembre de 2013

demasiado joven… mi madre.


¿Puedes acercarte esta noche al baile?
he quedado con una chica allí.
Dice que es mi madre y me tiene desconcertado.

Es quince años menor que yo y…
siempre he pensado…
que mi madre me llevaría algunos años.

Lo que me hace dudar de sí es o no
es su sabiduría.
¿se puede ser sabio e inexperto?
Mozart sabía tocar el piano siendo apenas un niño.
No sabía mucho de motores,
pero tampoco se fabricaban volkswagen por aquel entonces.

Te pido que no sientas celos de la muchacha.
De ser mi madre, lo que sentiría por ella
sería distinto de lo que me humedece cuando te miro a los ojos.

Más que nada, lo que me atrae de ir a conocerla
es que creo que puede tener respuestas para
entenderte mejor a ti.

Y no te ralles con esas teorías de que todo hombre
está enamorado de su madre…
Freud y su séquito están sobrevalorados…

como la mayoría de los cantantes.
como la mayoría de los pintores.
como la mayoría de los escritores…

Lo único que valoramos en su justa medida
es la televisión.

Pero ¿cómo no hacerlo?
si es el más absoluto reflejo de nuestra inteligencia.