sábado, 23 de noviembre de 2019

Era tan sabio como capullo.


Encendió una hoguera 
y sonaron las voces de las mujeres
que habían dicho quererle.
Nada ardía mejor que la madera
consumida entre reproche y beso
o el diesel del volkswagen
que robó en el supermercado del amor.

Él lo tenía claro.
De todo lo que debió aprender 
le sobraban unos céntimos de cordura.
Por eso lo eligieron para el Partido.
Su oratoria no debía desperdiciarse
jugando a ser otro creyente.

No tardaron en ondear banderas.
Del color de su basura
y en blanco y negro como los sueños
que no recordaba.
Algún que otro gato le ofrendaba el culo.
Él prefería la razón de los porqués
y la entrepierna de cualquier pollo de corral.

Un día una virgen vestida de negro
le prometió una resurrección, anonimato
y polvos de talco en su piel irritada.
No le preguntó por quien guardaba el luto.
Se sabía tan irrelevante como oportuno.

Nunca lo hicieron jefe de nada.
Su currículum solo interesaba a los ácaros.
Por eso se enredó entre sábanas.
Dicen que decía:
«Más allá de ellas solo hay despertares,
y los pianos suenan desafinados».

Era tan sabio como capullo.
Su padre se lo advirtió antes de conocerlo:

«Pufff ¡anda que...»









domingo, 6 de octubre de 2019

Adán







Se le escapó una sonrisa 
y lo lamentó durante cien tristezas.
Dios no debería creer en nosotros 
—dicen que dijo 
mientras el párroco se ahorcaba 
solo en el campanario.

Su suerte iba.

Como el mundo,
cada paso que daba,
era de un solo uso.

Las mujeres que más lo querían
comentaban en el mercado
que su resfriado ya duraba demasiado.
Todas murieron de hambre
cien días antes de la vendimia.

Él no pudo ir a sus entierros.
Tenía que atender a cada una de sus miserias.
Exigentes.
Importantes.
Suyas.

De noche encendía las luces.
De día cerraba los ojos.
Ni invierno ni verano
se entendían dentro de las paredes de su casa.

Los que hablaban de colores decían que era gris.
Los ciegos que era mudo.
A los sordos no les importaba mientras no dijera algo
y, de entre las mejores reses,
ningún carnicero con ambición lo habría llevado al matadero.

Se llamaba Adán.
Como el hijo del otro.
Como tú. Como yo.
Como nadie con sentido común.

Trajo la desgracia al mundo
 y se sienta a tu lado en la oficina.

Ojalá te absuelva.





domingo, 15 de septiembre de 2019

la cabeza del ángel y el polvo de aquella noche.



Fotografía: Javier Casino y sus demonios.


La cabeza del ángel en la caja de Amazon 
nos dejó claro el fin de otra era.
El cartero arqueó las cejas
y subió los hombros.
Se sabía el mensajero y la suerte que corría su estirpe
cuando un destinatario no aceptaba la noticia.

El mayor de nuestros jóvenes
no dudó en darle propina.
El más joven de nuestros ancianos
reconoció la cara de su primera novia
entre los pliegues de tu blusa.

Yo ni hice ni dije nada.
En mi opinión un ángel muerto
 es lluvia sobre mojado.

Tú te acercaste para escupirme en los zapatos.
Me llamaste cobarde.
Charco de mierda 
y otras cosas que me resultaron poéticas
a pesar de tu intención de insultarme.

El joven de los ancianos se rió y aplaudió.
Por alguna razón le divertía
que yo no fuera a ocupar tu cama esa noche.
«Ni yo ni tú, gilipollas» pensé.

¿Qué se puede esperar de una raza así?
¿Cómo puede resultar una victoria
para alguien que nadie gane?

Entonces dos de los niños
se pelearon por adornar sus mesitas de noche
con la testa del ángel.
No tardaron sus madres en pelearse también.
Tú me cogiste de la mano.
«Tengo miedo de convertirme en eso»
me susurraste señalando a las hembras.

Yo ni hice ni dije nada.
En mi opinión un ángel muerto
 es lluvia sobre mojado.

Tengo muy claro de qué va todo esto.
Nadie es nadie hasta que necesita serlo
para no ser el último.
¿De qué sino se hubiera inventado el ajedrez?

Miré al viejo cabrón y te besé en la oreja.
Su calavera de cuero dejó de sonreír.
Sé de sobras que su primera novia
tuvo que estar hasta los ovarios de él. 
Reconozco a un cabrón 
aún sin tenerlo como amigo en las redes sociales.

Te cuento todo esto por lo que me has preguntado:
¿Por qué sino te podría haber gustado
tanto el polvo de aquella noche?

Yo no hice ni dije nada.
En mi opinión un ángel muerto
es lluvia sobre mojado.